
El ave que alguna vez fue símbolo de la extinción causada por el hombre podría regresar de entre las sombras de la historia. Colossal Biosciences, la compañía que se ha propuesto lo impensable —revivir especies desaparecidas—, anunció un avance decisivo en su plan para traer de vuelta al dodo: el cultivo exitoso de células germinales primordiales.
Puede sonar técnico, pero se trata de un paso crítico. Estas células son las que, en el futuro, podrán transformarse en óvulos y espermatozoides editados genéticamente para dar forma a un “dodo funcional”. Lograrlo no fue sencillo: el equipo de investigadores pasó un año probando más de 300 fórmulas distintas hasta dar con la receta adecuada, según detallan en un artículo científico aún en revisión.
La estrategia recuerda a la que ya permitió a Colossal avanzar en la recreación de los lobos huargos. Primero, se reconstruye el ADN del ave extinta a partir de registros y restos históricos. Luego, se selecciona una especie viva estrechamente emparentada —en este caso, la paloma de Nicobar—, cuyo genoma es modificado para portar los rasgos del dodo. Por último, se utilizan aves de corral como “portadoras” de células reproductivas híbridas. De alguno de sus huevos podría nacer, dentro de unos años, un animal con las proporciones y la presencia del mítico dodo de Mauricio.
El horizonte temporal es ambicioso: entre cinco y siete años para ver los primeros ejemplares, según Ben Lamm, director ejecutivo de la empresa. Pero la meta va mucho más allá de una curiosidad genética de laboratorio: se busca conformar colonias completas, con suficiente diversidad, capaces de reinsertarse en su hábitat natural. En alianza con la isla de Mauricio, ya se proyecta un santuario para los futuros dodos.
Más allá de lo científico, el regreso del dodo tiene una carga simbólica enorme. Fue el primer animal documentado por los europeos que desapareció a causa de ellos. Durante siglos ha sido retratado como torpe y lento, una caricatura injusta que investigaciones recientes empiezan a matizar: en su entorno original, el dodo era un ave perfectamente adaptada y resistente.
Si Colossal cumple su promesa, en unos años podría cambiar no solo la historia de un ave extinta hace 360 años, sino también la narrativa de la conservación: de la pérdida irreversible a la restauración posible. El “tonto dodo” quizá tenga la última palabra.




