
En apenas 14 días, México será testigo del regreso de una de las franquicias más influyentes de la ciencia ficción moderna. Tron: Ares llegará a las salas el próximo 9 de octubre, cargando sobre sus hombros la herencia de una película que, en 1982, redefinió el lenguaje visual del cine con luces de neón, estética retrofuturista y una osada mirada hacia el ciberespacio.
La obra original, concebida por Steven Lisberger, llevó a Kevin Flynn —un programador atrapado en un mundo digital— a vivir una odisea jamás vista hasta entonces en pantalla. Aquella mezcla pionera de acción real y secuencias generadas por computadora (CGI) marcó un antes y un después en la industria. Hoy, más de cuatro décadas más tarde, el relato se invierte: esta vez no es un humano el que entra al software, sino una inteligencia artificial la que cruza hacia nuestro mundo.
Bajo la dirección de Joachim Rønning (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar), la cinta nos introduce a Ares, un programa sofisticado enviado al universo humano con una misión peligrosa, detonando el primer choque entre humanidad y entidades de IA. Protagonizada por Jared Leto y con el regreso de Jeff Bridges, Ares se plantea como un soft reboot más que una secuela directa de Legacy.
El proyecto tiene una historia accidentada: fue anunciado en 2010, cancelado tras el tropiezo comercial de Tomorrowland y revivido en 2020 con un nuevo enfoque narrativo. Ahora, la franquicia promete no solo efectos visuales espectaculares, sino también una narrativa más madura. En el apartado musical, el relevo es igual de arriesgado: del dúo Daft Punk se pasa a la potencia oscura de Nine Inch Nails, reforzando la vibra ciberpunk.
Con esta apuesta, Disney pretende reactivar el interés en un universo que nunca dejó de ser objeto de culto. La pregunta es inevitable: ¿logrará Tron: Ares encender la chispa de la innovación y fascinar a una nueva generación de espectadores?
Mientras llega el estreno, las entregas anteriores, Tron y Tron: Legacy, están disponibles en Disney+.




