El telescopio espacial James Webb analizó la composición del cometa interestelar 3I/ATLAS y encontró proporciones isotópicas que no se habían observado en ningún cometa conocido de nuestro sistema solar.

Los resultados sugieren que este objeto pudo formarse en una región extremadamente fría y químicamente distinta de la que dio origen al sistema solar. Incluso podría tratarse de un fragmento conservado de un sistema planetario formado durante las primeras etapas de la Vía Láctea.

Un visitante procedente de otro sistema

3I/ATLAS fue descubierto en julio de 2025 por el sistema de vigilancia ATLAS, financiado por la NASA.

Su nombre indica que es el tercer objeto interestelar identificado atravesando nuestro sistema solar. Su gran velocidad y trayectoria hiperbólica demostraron que no se encontraba ligado gravitacionalmente al Sol: llegó desde el espacio interestelar y continuará su recorrido fuera de nuestro vecindario cósmico.

El objeto desarrolló una coma, la nube de gas y polvo que rodea a los cometas cuando sus hielos se calientan y comienzan a sublimarse. Esto permitió estudiar directamente materiales formados alrededor de otra estrella.

Webb analiza su composición química

En diciembre de 2025, cuando 3I/ATLAS ya se alejaba del Sol, los astrónomos utilizaron el instrumento NIRSpec del James Webb para observar la luz emitida y absorbida por los gases de su coma.

Mediante espectroscopia, los investigadores identificaron agua, dióxido de carbono y monóxido de carbono. Después midieron sus proporciones isotópicas, es decir, la cantidad relativa de distintas versiones de un mismo elemento.

Los isótopos tienen el mismo número de protones, pero diferente cantidad de neutrones. Sus proporciones pueden conservar información sobre la temperatura y el entorno químico en el que se formó un material.

Una cantidad extraordinaria de deuterio

El agua de 3I/ATLAS presentó una proporción de deuterio respecto al hidrógeno de aproximadamente 0.95%.

El deuterio es una versión pesada del hidrógeno que contiene un protón y un neutrón. La concentración medida en el cometa es más de diez veces superior a la observada en cometas conocidos del sistema solar.

Según los modelos utilizados por los investigadores, esta composición sería compatible con la formación de hielo a temperaturas inferiores a 30 kelvin, cerca de −243 °C, dentro de un ambiente sometido a condiciones de ionización diferentes a las de nuestro sistema planetario.

Una firma de carbono fuera de lo común

Los científicos también analizaron las proporciones de carbono-12 y carbono-13 presentes en el monóxido y el dióxido de carbono.

3I/ATLAS mostró valores de carbono-12 respecto al carbono-13 considerablemente superiores a los habituales en cometas del sistema solar, nubes interestelares cercanas y discos protoplanetarios estudiados hasta ahora.

En términos sencillos, el objeto contiene una menor proporción relativa del isótopo pesado carbono-13.

Esta composición podría relacionarse con un ambiente antiguo y pobre en elementos pesados, formado antes de que varias generaciones de estrellas enriquecieran químicamente la galaxia.

¿Podría tener hasta 12,000 millones de años?

Al comparar las mediciones con modelos de evolución química de la Vía Láctea, los investigadores estimaron que el material de 3I/ATLAS pudo acumularse hace entre 10,000 y 12,000 millones de años.

De confirmarse, sería un fragmento de un sistema planetario extremadamente antiguo, formado pocos miles de millones de años después del nacimiento del universo.

Sin embargo, el James Webb no midió directamente la edad del cometa. La estimación depende de modelos que relacionan sus isótopos con la evolución química de la galaxia. Tampoco es posible determinar todavía qué estrella o sistema planetario lo expulsó.

Una muestra de otro sistema planetario

Los objetos interestelares ofrecen una oportunidad excepcional: permiten estudiar directamente materiales formados fuera del sistema solar sin necesidad de enviar una nave a otra estrella.

Las diferencias encontradas en 3I/ATLAS muestran que los cometas de otros sistemas pueden formarse bajo condiciones muy distintas a las que conocemos. También podrían ayudar a comprender cómo surgieron los primeros sistemas planetarios y cómo cambió la composición de la Vía Láctea con el paso del tiempo.

Los resultados aún deben superar la revisión por pares, pero convierten a 3I/ATLAS en una posible cápsula del tiempo procedente de la juventud de nuestra galaxia.

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