Un misterioso objeto que llegó desde fuera del Sistema Solar activó una búsqueda científica poco común: revisar si podía estar emitiendo señales de radio compatibles con tecnología extraterrestre.

El protagonista es 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar confirmado que ha pasado por nuestro vecindario cósmico. A diferencia de los cometas y asteroides que se formaron alrededor del Sol, 3I/ATLAS viene de otro sistema estelar, lo que lo convierte en una oportunidad única para estudiar material nacido alrededor de otra estrella.

Pero también despertó una pregunta inevitable: si alguna vez un objeto artificial de otra civilización cruzara nuestro Sistema Solar, ¿seríamos capaces de detectarlo?

Para investigar esa posibilidad, científicos del SETI Institute usaron el Allen Telescope Array, un conjunto de radiotelescopios ubicado en el Hat Creek Radio Observatory, en el norte de California. El equipo observó 3I/ATLAS durante más de siete horas y analizó frecuencias de radio entre 1 y 9 gigahercios, una banda útil para buscar señales estrechas o “narrowband”.

Este tipo de señal es importante porque, hasta donde sabemos, las emisiones de radio extremadamente estrechas no suelen producirse por procesos naturales. En cambio, pueden ser una pista de tecnología, como transmisores artificiales.

El análisis detectó inicialmente casi 74 millones de señales estrechas. Sin embargo, la gran mayoría resultó ser interferencia humana: emisiones provenientes de tecnología terrestre o de satélites. Después de aplicar filtros para descartar ruido e interferencias, quedaron poco más de 200 candidatos. Ninguno resistió el análisis final.

La conclusión fue clara: no se detectaron tecnofirmas en 3I/ATLAS.

Eso no significa que la búsqueda haya sido inútil. Al contrario, el estudio sirve para demostrar que los radiotelescopios actuales pueden responder rápidamente ante objetos interestelares recién descubiertos y analizar si emiten señales anómalas. También permitió establecer límites sobre la potencia que tendría que tener un transmisor ubicado en el objeto para ser detectable desde la Tierra.

Según el estudio, las observaciones descartan señales de radio más fuertes que aproximadamente 10 a 110 watts en las frecuencias examinadas, una potencia comparable a la de algunos electrodomésticos comunes.

La importancia de este trabajo no está en haber encontrado alienígenas, sino en haber puesto a prueba un método para estudiar futuros visitantes interestelares. Hasta ahora solo conocemos tres: 1I/‘Oumuamua, descubierto en 2017; 2I/Borisov, en 2019; y ahora 3I/ATLAS, detectado en 2025. Cada uno representa una muestra de material proveniente de otro sistema planetario.

En el futuro, con telescopios más avanzados y sistemas de alerta más rápidos, los astrónomos esperan encontrar muchos más objetos de este tipo. Algunos serán cometas naturales, otros podrían tener comportamientos difíciles de explicar, y cada nuevo visitante será una oportunidad para hacer dos cosas al mismo tiempo: estudiar la formación de otros sistemas planetarios y buscar señales de tecnología más allá de la Tierra.

Por ahora, 3I/ATLAS parece ser simplemente un viajero cósmico natural. Pero la búsqueda muestra algo importante: la ciencia ya tiene protocolos para mirar al cielo y preguntar, con datos en mano, si estamos viendo solo una roca helada… o algo más.


Por qué importa

Esta noticia es relevante porque muestra cómo la búsqueda de vida inteligente ya no se limita a escuchar estrellas lejanas. También puede aplicarse a objetos que pasan cerca del Sistema Solar y que vienen de otros sistemas estelares.

Además, ayuda a separar ciencia de especulación: buscar señales extraterrestres no significa afirmar que existen, sino diseñar métodos para detectar anomalías reales si algún día aparecen.

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