El uso de videojuegos en niñas y niños puede formar parte de sus actividades de entretenimiento, pero requiere supervisión de los padres y límites adecuados. De acuerdo con la recomendación de una especialista en psicología, los ocho años representan una etapa en la que los menores pueden comenzar a tener mayor contacto con este tipo de contenidos.

La recomendación considera que, a partir de esta edad, los niños cuentan con mayores herramientas para comprender instrucciones, diferenciar entre la ficción y la realidad y seguir reglas dentro de los juegos. Sin embargo, esto no significa que puedan utilizarlos sin vigilancia o durante periodos prolongados.

La selección del contenido también es un aspecto importante. Los padres deben revisar la clasificación de los videojuegos y procurar que sean apropiados para la edad del menor, además de conocer el tipo de situaciones, lenguaje y dinámicas que presentan.

Otro punto relevante es establecer horarios. El uso de videojuegos no debe desplazar actividades como el ejercicio físico, las tareas escolares, el descanso, la convivencia familiar o el juego tradicional. Mantener un equilibrio permite que las pantallas formen parte del entretenimiento sin convertirse en la actividad principal de los menores.

La supervisión también puede ayudar a identificar cambios en el comportamiento de los niños relacionados con el tiempo que pasan frente a las pantallas. Por ello, especialistas recomiendan que madres y padres acompañen a los menores, conozcan los juegos que utilizan y establezcan reglas claras para su uso.

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