La comunicación en la naturaleza no ocurre únicamente entre integrantes de una misma especie. Aves, peces, insectos y mamíferos también pueden intercambiar información para encontrar alimento, recibir protección o coordinar servicios que benefician a ambos participantes.
Una revisión internacional publicada en Animal Behaviour analizó cómo las señales visuales, sonoras, químicas y táctiles hacen posibles estas alianzas entre especies.
El trabajo reúne ejemplos de distintos ecosistemas para comprender qué información intercambian los animales, cómo identifican colaboradores confiables y de qué manera estos sistemas de comunicación pudieron evolucionar.
Cooperar requiere coordinación
Para que dos especies obtengan un beneficio compartido, sus acciones deben producirse en el momento adecuado. Esto resulta especialmente complejo cuando cada animal percibe su entorno mediante capacidades sensoriales diferentes.
Uno de los ejemplos más conocidos es el del indicador grande, un ave africana que guía a las personas hasta colmenas silvestres. Los humanos obtienen miel, mientras que el ave consigue acceso a la cera y otros restos de la colmena.
La coordinación funciona en ambas direcciones: las aves emplean llamadas para atraer a las personas y también reconocen sonidos utilizados por algunas comunidades humanas para solicitar su ayuda.
Otros animales utilizan señales corporales. Los jabalíes verrugosos, por ejemplo, pueden adoptar determinadas posturas para permitir que aves o mangostas retiren garrapatas y otros parásitos de su cuerpo.
Señales que reducen el riesgo
Colaborar con otra especie también puede resultar peligroso. Un animal pequeño que se aproxima a un depredador para ofrecerle un servicio necesita comunicar claramente sus intenciones.
Algunos peces y camarones limpiadores utilizan colores llamativos y movimientos característicos para anunciar que pueden retirar parásitos. Los peces de mayor tamaño responden adoptando posturas que facilitan la limpieza sin atacar al colaborador.
Las orugas de ciertas mariposas también producen sustancias químicas y vibraciones que favorecen su relación con las hormigas. A cambio de alimento, estas pueden protegerlas frente a posibles depredadores.
Estas señales ayudan a reconocer socios adecuados, evaluar sus intenciones y reducir la posibilidad de engaño o agresión.
No todas las señales funcionan igual
Los investigadores distinguen entre señales y pistas. Una señal evolucionó para modificar el comportamiento de quien la recibe, mientras que una pista proporciona información sin haber surgido necesariamente con una función comunicativa.
Esta diferencia es importante. Los movimientos de un delfín pueden servir como pista para que un pescador decida cuándo lanzar su red, aunque el animal no haya realizado originalmente esa conducta para comunicarse con humanos.
Además, algunos sistemas son relativamente constantes, mientras que otros dependen de la región, las especies involucradas o el aprendizaje. Esto demuestra que la comunicación entre especies puede ser flexible y adaptarse a diferentes condiciones ecológicas.
Más allá de lo que podemos ver
Los humanos solemos prestar mayor atención a las señales visuales y sonoras, pero muchos animales también intercambian información mediante olores, sustancias químicas, vibraciones o contacto físico.
Por esta razón, algunas relaciones cooperativas podrían estar pasando inadvertidas. Para comprenderlas será necesario estudiar los estímulos desde las capacidades sensoriales de cada especie y no únicamente desde la percepción humana.
Una revisión que abre nuevas preguntas
El artículo no presenta el descubrimiento de un lenguaje universal entre animales. Su principal aportación consiste en integrar conocimientos dispersos y ofrecer un marco para investigar cómo circula la información durante la cooperación entre especies.
Los autores consideran que estas relaciones pueden ayudar a entender cómo aparecen las señales, cómo se transforman con el tiempo y si las especies involucradas pueden influir mutuamente en su evolución.
Aunque todavía existen muchas preguntas abiertas, la revisión muestra que los ecosistemas no solo están conectados por cadenas alimentarias. También existen redes de información donde especies muy diferentes aprenden a interpretar sus movimientos, sonidos y comportamientos para alcanzar objetivos compartidos.











