Egipto podría convertirse en un mercado estratégico para que las empresas mexicanas diversifiquen sus exportaciones y reduzcan su dependencia de los destinos comerciales tradicionales, de acuerdo con la Cámara Árabe Mexicana de Industria y Comercio (CAMIC).

El país africano ha fortalecido su posición como plataforma logística, industrial y comercial, debido a su ubicación entre África, Europa y los países árabes. Además, cuenta con acceso al mar Mediterráneo y al mar Rojo, así como con el Canal de Suez, uno de los principales corredores marítimos para el comercio internacional.

Con una población superior a 110 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto estimado en 429 mil millones de dólares para 2026, Egipto representa uno de los mercados de mayor tamaño en África y una puerta de entrada hacia otras economías de la región.

La CAMIC considera que las condiciones actuales del país pueden favorecer a compañías mexicanas interesadas en ampliar su presencia internacional, principalmente en sectores como alimentos y bebidas, manufactura, autopartes, materiales para construcción, dispositivos médicos, productos farmacéuticos, tecnología y servicios especializados.

Mariana Tuma, presidenta de la Cámara Árabe Mexicana de Industria y Comercio, señaló que Egipto no debe ser visto únicamente como un destino para vender productos mexicanos, sino como un punto estratégico para acercarse a otros mercados de África, Europa y Medio Oriente.

El intercambio comercial entre México y Egipto todavía tiene un amplio margen de crecimiento. De acuerdo con cifras del Banco de México, durante 2025 alcanzó 217 millones 298 mil dólares, lo que colocó a Egipto como el segundo socio comercial de México en el norte de África.

La Cámara considera que esta cifra es modesta frente al tamaño de la economía y población egipcias, por lo que existe potencial para incrementar la participación de empresas mexicanas en ese mercado.

Egipto también impulsa una agenda de modernización bajo su Visión 2030, con objetivos enfocados en fortalecer la industria, desarrollar infraestructura, atraer inversión extranjera y mejorar las condiciones para hacer negocios.

Entre sus metas se encuentra elevar la participación del sector industrial hasta 20 por ciento del PIB, con especial atención en manufactura, energía y exportaciones.

Para las empresas mexicanas, esta transformación podría representar nuevas oportunidades de negocio y de integración a cadenas globales de suministro.

La CAMIC destaca que diversificar las exportaciones no significa abandonar los mercados tradicionales, sino abrir nuevas rutas comerciales y reducir riesgos al ampliar la presencia de productos y servicios mexicanos en otras regiones del mundo.

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