La insistencia del presidente Donald Trump en cambiar el nombre de Nuevo México por “Nueva América” volvió a generar atención sobre la identidad histórica y cultural de uno de los estados del suroeste estadounidense, cuya denominación mantiene un vínculo histórico con México.

El mandatario argumentó que el cambio daría mayor prestigio a la entidad y fortalecería el orgullo nacional de sus habitantes. También relacionó la propuesta con supuestas irregularidades electorales, aunque no presentó pruebas que respaldaran sus señalamientos.

La iniciativa no es nueva. En septiembre pasado, Trump difundió una imagen modificada del mapa estatal en la que el nombre de Nuevo México aparecía reemplazado por “Nueva América”. La propuesta se suma a otras iniciativas de su administración relacionadas con el cambio de nombres geográficos, como las denominaciones de Golfo de América y Lago América utilizadas en Estados Unidos.

Sin embargo, modificar oficialmente el nombre de un estado no depende únicamente de una decisión presidencial. La propuesta requeriría un procedimiento institucional y no existe, hasta ahora, un cambio oficial que sustituya la denominación de Nuevo México.

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