La NASA se prepara para una misión poco común: intentar salvar al observatorio espacial Neil Gehrels Swift antes de que pierda demasiada altitud y termine reingresando a la atmósfera terrestre.

La misión, llamada Swift Boost, usará un satélite robótico llamado LINK, desarrollado por la empresa Katalyst Space. Su objetivo será alcanzar al observatorio Swift en órbita, sujetarlo con brazos robóticos y elevar lentamente su altitud durante varios meses.

Swift no es un telescopio cualquiera. Desde su lanzamiento en 2004, ha sido una herramienta clave para estudiar algunos de los eventos más energéticos del universo, como los estallidos de rayos gamma. También puede observar el cosmos en diferentes tipos de luz, incluyendo visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Esa capacidad le permite reaccionar rápidamente cuando ocurre un fenómeno astronómico repentino y alertar a otros observatorios para que lo estudien.

El problema es que Swift se encuentra en órbita baja terrestre, donde todavía existe una pequeña cantidad de atmósfera. Aunque parezca casi vacío, ese entorno genera arrastre sobre los satélites. Con el tiempo, esa fricción reduce su altitud. En el caso de Swift, el aumento reciente de actividad solar intensificó este efecto, haciendo que descendiera más rápido de lo esperado.

Como Swift no fue diseñado con un sistema de propulsión para corregir su órbita, NASA decidió probar una solución más ambiciosa: enviar otro satélite para rescatarlo.

El satélite LINK despegará a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, lanzado desde el avión Stargazer, un L-1011 modificado. Una vez en órbita, LINK pasará por varias semanas de revisión de sus sistemas de navegación, propulsión y sensores. Después se acercará lentamente a Swift, analizará su posición y usará sus brazos robóticos para sujetarlo.

Si todo sale bien, LINK elevará la órbita de Swift hasta una altitud cercana a los 370 millas, lo que permitiría extender su vida científica y evitar su reingreso prematuro.

La misión es especialmente interesante porque Swift no fue construido para recibir mantenimiento en órbita. Eso convierte a Swift Boost en una prueba de alto riesgo, pero también en una demostración muy valiosa para el futuro de la ingeniería espacial. Si funciona, podría abrir la puerta a misiones comerciales capaces de reposicionar, reparar, reabastecer o extender la vida útil de satélites que originalmente no fueron diseñados para recibir servicio.

Más que un simple “rescate espacial”, esta misión representa una idea clave para el futuro: si la humanidad quiere depender cada vez más de infraestructura en órbita, también necesitará aprender a mantenerla, repararla y actualizarla después del lanzamiento.

Swift Boost podría convertirse en un paso importante hacia una nueva era de mantenimiento robótico en el espacio.

Tendencias